La temporada de Adviento nos invita a preparar nuestros corazones para la llegada del Salvador, y qué mejor manera de hacerlo que a través de la delicada luz de las velas. En la tradición católica, decorar con velas en Navidad no es solo un acto estético, sino una expresión espiritual de esperanza, paz y alegría. Descubramos juntos cómo iluminar tu hogar de manera significativa durante esta temporada sagrada.

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La Corona de Adviento: Un Símbolo de Esperanza

Comienza la temporada de Adviento con la tradicional Corona de Adviento. Esta corona, compuesta por ramas verdes y cuatro velas, representa la esperanza, la paz, la alegría y el amor. Enciende una vela cada domingo de Adviento, marcando el camino hacia el nacimiento de Jesús. Coloca la corona en un lugar central, como la mesa de la sala, como recordatorio constante de la luz que viene al mundo.

Velas Adviento "Ven, Jesús"
Velas Adviento «Ven, Jesús»

Velas en el nacimiento: anunciando el Nacimiento Divino

El nacimiento de Jesús es el corazón mismo de la Navidad, y decorar el pesebre con velas resalta la importancia de este evento celestial. Coloca velas alrededor del pesebre o en pequeños candelabros. Al encenderlas, crea un ambiente sagrado que refleja la luz que emanó de la estrella de Belén.

Velas en la ventana: una luz para el mundo

Las velas en las ventanas de tu hogar simbolizan la luz que Jesús trae al mundo. Esta antigua tradición católica es un recordatorio de que nuestro hogar es una luz para el mundo, reflejando el amor y la verdad de Cristo. Coloca velas blancas en los alféizares para iluminar suavemente la oscuridad exterior.

Velas en la mesa: invocando la paz y la alegría

La mesa de la cena se convierte en un lugar especial para compartir en familia durante la Navidad. Adorna la mesa con velas que representen la paz y la alegría. Puedes optar por velas de colores suaves o encerrar pequeñas velas en recipientes decorativos. La luz de las velas en la mesa simboliza la presencia de Cristo en nuestras celebraciones.

Velas perfumadas: fragancias de esperanza y amor

Las velas perfumadas no solo iluminan, sino que también infunden tu hogar con fragancias acogedoras. Escoge aromas que evocan la temporada, como canela, vainilla o bálsamo de abeto. Enciéndelas durante la oración familiar o al leer las Escrituras, creando un ambiente que estimula los sentidos y el espíritu.

Foto de Jeremy Kyejo para Pixabay
Fuente: Pixabay. Foto de Jeremy Kyejo

Vigilia de Nochebuena: una procesión de velas

En la noche sagrada de Nochebuena, considera organizar una procesión de velas antes de la Misa del Gallo. Invita a familiares y amigos a sostener velas encendidas mientras se dirigen a la iglesia. Este gesto simboliza la luz de Cristo que guía a la comunidad hacia la celebración del nacimiento de nuestro Salvador.

Al decorar con velas en la Navidad católica, estamos tejiendo símbolos sagrados en la tela de nuestro hogar. La luz de las velas no solo embellece, sino que también proclama la luz de Cristo que brilla en nuestras vidas. Que este Adviento esté lleno de la cálida luz de la esperanza, la paz, la alegría y el amor que nos trae el Niño Jesús. ¡Que la luz de Cristo ilumine tu hogar y tu corazón en esta temporada santa!

Al finalizar noviembre, o a veces al comenzar diciembre, llega a nosotros el tiempo de Adviento, como tiempo de preparación para la Navidad. La palabra «Adviento» viene del latín «Adventus», que significa «Venida». Más concretamente, según lo conocemos nosotros, este término hace alusión a lo que en latín se llama «Adventus Redemptoris», es decir, «la venida del Redentor», que son las cuatro semanas (cuatro domingos) previos al 25 de Diciembre. Por tanto, el Adviento es el tiempo de preparación para el Nacimiento de Jesús, la Navidad.

Y es que, más allá de las luces led, los trapos rojos, la escarcha en el pelo y el júbilo de los centros comerciales, tenemos cuatro semanas maravillosas para preparar nuestro interior a la venida de Jesús en Belén. ¿Qué digo, en Belén? Tenemos cuatro semanas para preparar nuestra alma y acoger en ella al Hijo de Dios, que quiere nacer en nosotros.

La tradición nos recomienda preparar la Navidad en torno a la corona de Adviento: un círculo hecho de ramas perennes y frutos de invierno, adornado con lazos, en el que colocaremos 4 velas, que iremos encendiendo semana tras semana, una cada Domingo de Adviento.

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La corona es circular, ya que el círculo es imagen de la eternidad, del infinito. Y las ramas y frutos que contiene simbolizan lo que tenemos en este tiempo, lo que sí tiene fecha de caducidad, que colocamos al servicio del Dios infinito, que se hará pobre y limitado al venir a María, por amor a nosotros. Y el lazo, que suele ser de color rojo, simboliza los lazos de amor que nos unen, entre nosotros y a Cristo.

En cuanto a las velas, en las iglesias tradicionalmente se colocan tres velas moradas (el morado es el color litúrgico de la preparación, o penitencia) y una vela rosa (símbolo del Domingo de la Alegría, o Gaudete, que celebraremos el tercer Domingo del Adviento). En los hogares, la elección de las cuatro velas suele ser más libre.

Las velas de la corona se irán encendiendo, una a una, cada uno de los domingos del Adviento; este dar poco a poco la luz es un gesto precioso, lleno de significado, en el que la oscuridad se irá llenando de más luz, según se aproxime la fecha de la Navidad. Así también en nuestra vida, el Adviento, bien vivido, nos ayudará a llenar nuestra vida de ilusión, alegría, esperanza, paz, amor… y así llegar bien preparados al Nacimiento del Salvador.

Entonces, si este tiempo de preparación es tan importante, podríamos decir que el Adviento es el tiempo de saborear, poco a poco, una «Navidad por anticipado»; en estas cuatro semanas, podemos hacer propósitos de mejorar: amar más, hablar menos, discutir poco, servir mejor a los demás, quejarnos poco… semana a semana. Y así ir degustando la venida de Cristo, que se va haciendo presente, poco a poco, cada vez más, entre nosotros y en nuestra alma.

Y, sin que casi nos hayamos dado cuenta, nos encontraremos con las cuatro velas encendidas; pero aún hay más: en nuestra corona de Adviento, Jesús se hará presente en la «quinta vela»: la noche de Nochebuena, antes de cenar, nos reuniremos cerca de la corona, al lado de nuestro belén, y colocaremos una vela más, en el centro de la corona. Será entonces el momento de colocar al Niño Jesús en el pesebre, bendecir nuestra mesa y celebrar todos juntos con gran alegría el Nacimiento del Salvador.

Estos días ha vuelto a caer en mis manos este artículo de Aleteia sobre la corona de Adviento. Y, retomando el tema, me ha parecido interesante ofrecer algunos puntos para vivir mejor este tiempo de gracia. Aquí van mis 7 tips para ayudaros a vivir el Adviento:

  1. Preparar «la preparación»
  2. Tiempo al tiempo
  3. La corona
  4. Armando el belén
  5. Propósitos, con un propósito
  6. Oración y acción
  7. Grandes deseos
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1. Preparar «la preparación»

El tiempo de Adviento no es un compás de espera, sino un tiempo de gracia… no podemos reducirlo al mero deseo de la Navidad. Es importante que prepares bien este Adviento, tanto en lo exterior como en lo espiritual, con gestos y pequeños detalles que te ayuden a vivir bien el sentido de este tiempo litúrgico: la corona, el calendario de Adviento, la planificación del Belén, la preparación de las oraciones, el calendario de propósitos…

En los días previos al Adviento, es preciso hacer una pequeña reunión de familia, y ver qué puede aportar cada uno a esta preparación.

2. Tiempo al tiempo

Cada vez vivimos más deprisa… pero disfrutar de cada día es lo más importante. No tener el pensamiento en lo que viene… sino en lo que está, en lo que tenemos ahora… en el momento presente. Cada día, dejémonos sorprender por la Palabra de Dios, que es un regalo concreto y que nos descubre siempre algo nuevo.

Saborea día a día, con paciencia, como hacen los niños con el chocolate del Calendario de Adviento. Acoge las noticias con esperanza y aceptación. Repite a menudo «ya estás en camino», «paso a paso»… Es muy bonito preparar alguna sorpresa a la familia cada uno de los domingos de Adviento.

3. La corona

No puede faltar en cada hogar una corona de Adviento, en la que cada domingo iremos encendiendo una vela, mientras rezamos en familia.

La corona no es un elemento decorativo más… sino el centro de atención durante las semanas del Adviento. Por eso, debe estar colocada en un lugar importante, y preferiblemente en el salón, donde toda la familia se pueda reunir alrededor de ella.

Cada día tendremos un ratito de oración, prendiendo las velas correspondientes. Además de orar en torno a la corona, podemos ir depositando en ella pequeños papelitos con peticiones, oración por alguien, deseos de mejorar algo en nosotros, preocupaciones que nos inquietan… y pedir en la oración por todas estas intenciones.

4. Armando el Belén

Dentro de la preparación propia del tiempo de Adviento se encuentra la tradición del nacimiento, o belén. Es una de las tradiciones más bonitas, y a la vez más familiares que tenemos.

Qué bonito, en estos primeros días del Adviento, planificar nuestro belén, e ir montándolo poco a poco, colocando las figuras y guardando las más importantes para el final. Y, al colocar a María y José, colocar también el pesebre o cuna (si está separado del Niño), y aprovechar la última semana del Adviento, a partir del Domingo de la Alegría, para hacer nuestra oración familiar en torno a esa cunita o espacio vacío entre María y José, deseando en nuestro corazón la llegada del Salvador.

5. Propósitos, con un propósito

Es bueno hacerse propósitos en este tiempo de Adviento, pero identifiquemos bien el norte… No se trata, como creen muchos, de que «nos invada el espíritu de la Navidad»… así, rebajando la divinidad a un mero altruismo, o falsa caridad, haciendo las cosas bien para sentirnos mejor, pero sin cambiar nada. No, no es eso.

Pongámonos propósitos de ser mejores personas, de cuidar más nuestra oración y vida de Sacramentos. Pongámonos incluso propósitos de caridad hacia los que nos necesitan… pero enfocados en hacer más hueco en nuestro corazón al Hijo de Dios, que llega a salvarnos. Enfoquemos nuestros propósitos en Jesús; en ser más como José y María, en ser «menos yo» y «más Ellos»… En su espejo, sí. Ser más santos, más humildes, más atentos con los demás, por y para Jesús.

6. Oración y acción

Nos urge, en este tiempo de Adviento, preparar la Venida del Salvador con más oración personal y familiar. Pero no podemos encerrarnos en nosotros… los demás nos necesitan. Preparemos acciones concretas de caridad hacia los demás, pero desde la humildad, sin hacer caso al vanidoso que llevamos dentro…

Planteemos algún acto de caridad en familia; podemos visitar algún convento, y preguntar a las hermanas si necesitan algo; hay comunidades muy necesitadas, que viven en absoluta pobreza, careciendo de lo más básico: jabón, zapatos,… Podemos también acercarnos a ayudar a alguien que viva en la calle. Podemos llevar un turrón a ese vecino que no tiene a nadie, y pasar un rato con él… A todos nos pone Dios la oportunidad de ejercer la caridad, día a día.

7. Grandes deseos

Y este último TIP va destinado a la ilusión, a la añoranza, a la espera activa, a la NECESIDAD de Dios que tenemos en nosotros… Vivamos este Adviento con grandes deseos de que Jesús nazca en nosotros, para revolverlo todo, para hacernos más santos, para que se lleve de nosotros la pereza, la apatía, la amargura y la queja… para que ponga en nosotros Alegría, Esperanza, Paz y Amor. Que no nos perdamos, en este tiempo de bendición, añorando las Navidades pasadas, pensando en los que no están, en lo que no tendremos, en lo que no vuelve… Vivamos en el deseo ardiente de conocer el Corazón de Jesús, amarle más, ser más santos. Porque sólo los que tienen grandes deseos alcanzan grandes metas.